miércoles 10 de junio de 2009
LA CENICIENTA
lunes 27 de abril de 2009
GLOBALIZACIÓN

Con la globalización las cosas se han dado rápidamente, de manera sencilla. Lo cual es higiénico y práctico y nos sienta bien. Sucedió que un día leímos en el diario que ya estábamos globalizados, y al poco tiempo llegó un amigo a contarnos que en todos los jardines infantiles del mundo los niños cantaban la canción del dinosaurio fucsia. Nos pareció insoportable, y por esto pretendimos odiar al dinosaurio fucsia, afirmando que la televisión alienaba a la infancia y que así no iríamos a parar a ningún lado. Pero este pensamiento egoísta nos duró hasta que vino una sobrina o un primito a pedirnos un abrazo, cantándonos la canción del dinosaurio fucsia y diciéndonos que éramos una familia feliz, rompiendo de este modo nuestro corazón y mandando al tacho de basura nuestras anticuadas y frías convicciones estéticas. Y se llegó la tarde en que, mientras lavábamos los platos, nos encontramos repitiendo la melodía del dinosaurio fucsia, pero ya no teníamos la fuerza ni la determinación suficiente para darnos con la sartén en la cabeza o para preguntarnos qué nos había sucedido. Nos sabíamos orgullosos poseedores de más de cien canales con los cuales podíamos saber exactamente lo que sucedía en Francia, Taiwán, El Zaire o la selva amazónica, al mismo tiempo, en vivo y en directo, desde nuestra cómoda cama o el sofá de la sala de televisión.
Esta mañana, por ejemplo, el Sr. Presidente de los Estados Unidos hizo una alocución para dirigirse a la humanidad. Yo, que soy un poco escéptico y cascarrabias, no quería prestarle atención. Pero cómo no hacerlo cuando te das cuenta de que está en todos los canales que pasas y que se encuentra llamando -por la dificultad del tema- al Papa, al Patriarca Ortodoxo, al Dalai Lama, a los reyes europeos, a representantes islámicos chiítas y sunnitas, a los líderes del África y a los presidentes del G8, quienes van saliendo al estrado y se paran a su lado, respaldándole, cuando empieza a decir eso que siempre supimos pero que hasta ahora no nos pudieron contar. Y así, sin más ni más, nos va soltando la joya que dizque la humanidad está preparada para saberlo, que si no nos lo habían dicho era para no generar pánico mientras intentaban controlar la situación, pero que los últimos presidentes de los Estados Unidos habían tenido este mismo discurso programado, y que tanto el cine como la literatura se habían encargado de abrirnos la mente al respecto, pues obviamente no estábamos solos en el Universo y desde hacía cincuenta años nos encontrábamos en guerra con unos malvados extraterrestres. No obstante fueran nuestros aliados desde los tiempos inmemoriales de Ezequiel, los faraones egipcios y los Mayas, divergían en todo con nuestros valores y se habían convertido en nuestros enemigos, queriendo desterrar a la raza humana de la faz de la tierra. Detallaba que en el espacio son como los hemos pintado: verdes, cabezones, gelatinosos y chiquitos; pero que en un medio elástico como el nuestro los alienígenas logran mimetizarse, convertirse en tu esposa o volverse invisibles, y que desde que enviaran a Neil Armstrong a la luna los teníamos acorralados por unas bombas implosivas que los astronautas habían logrado activar. Pero ahora su ataque era irreversible.
Personalmente me considero respetuoso de las diferencias, sin embargo creo que la tolerancia es distinta a la majadería. Y es que yo puedo soportar que alguien piense opuestamente a mí, pero lo último que quiero es que desaparezca la humanidad, que me conviertan en esclavo ó que me confundan con un inescrupuloso invasor de la tierra. Por eso no dejé pasar mucho tiempo, me puse el Armani oscuro y, sin discutirlo con nadie, me hice insertar el chip de reconocimiento humano en la inspección de policía. Si se tenían bien guardado este secreto pienso que fue obrando de buena fe, esto es fácil de comprender, sobre todo al tratarse de una raza tan nociva. Polígamos, politeístas y con una civilización que se parece en todo al comunismo, es necesario que nos unamos y obremos ante ellos conforme a nuestras convicciones. Yo puedo ser muy liberal, pero ante todo soy un hombre de principios. Desde la ventana de mi piso alto contemplo el cambio de órbita de la tierra, descrestándome con la espléndida visión de la brillantez de las estrellas, los colores de los planetas y la oscura infinitud del cosmos. Hacer del mundo una nave de guerra es una idea maravillosa, propia de la ingeniería norteamericana. El oxígeno y la luz del sol son contingencias que ya han comenzado a simular, y será mejor así para que los extraterrestres no logren confundirnos. Desde mi televisor me mantengo comunicado, revisando las órdenes de la base central, y espero con ansiedad el momento en que me necesiten. No se trata de algo heroico, estoy hablando de mis deberes civiles. Sé que las cosas se han dado rápidamente y que esto es algo lento de asimilar, pero no puedo dejar de sentirme arrepentido al haber pensado que con la globalización no iríamos a parar ningún lado, lo reconozco.
http://www.tallerdeescritores.com/globalizacion.php
Primera imagen de tomada de:
http://lacomunidad.elpais.com/psiquiatradefamilia/2009/1/25/todas-galaxias-patita-goma-
Segunda imagen de Juan Pablo Ramírez
martes 7 de abril de 2009
Quiero conocer a César Aira

-O es un tonto o es un genio, no hay de otra –Sentenció mi nuevo profesor de Escritura Creativa, tras escucharme hablar de la narrativa de César Aira.
Me limité a responder mentalmente, asintiendo con la cabeza y a fin de no opinar entre desconocidos. Al fin y al cabo, cuando entre los compañeros Borges no es más que una marca de aceite de oliva, García Márquez el desventurado autor de Memoria de mis putas tristes, y cuando se sirven de las series de Fox para sustentar sus ejemplos literarios, ya es un logro que se citen las arrolladoras obras de Roberto Bolaño o de Ricardo Piglia.
Y es que no obstante haya publicado algo más de cincuenta libros, el argentino César Aira goza de la suerte de ser tan desconocido como de haber engendrado, en tres décadas de publicaciones frenéticas, a una seria legión de lectores de culto. Entre ellos el mexicano Carlos Fuentes, quien en La silla del águila imagina que en 2020 le será concedido el Premio Nobel de literatura. Qué desventura: será para entonces muy viejo y no podrá disfrutarlo como se lo merece.
“- Hoy no tiene sentido, y entiéndase bien a qué me refiero, no tiene sentido leer a Borges o a Cortázar. Ahora hay que leer a César Aira…” –Decía Daniel Link, mi profesor de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Buenos Aires, causándome un shock en esta trenza de las neuronas que, precisamente, había cultivado con la lectura de ambos maestros.
Pensé que se trataba de una manera de retarnos. En aquellos días estudiábamos a Copi: un excéntrico escritor franco argentino nacido en Uruguay, el cual fuera dado a conocer en Argentina gracias a ciertas publicaciones de Aira y, posteriormente, al riguroso estudio de Daniel Link. En su universo transexual y antiestético, el genio de Copi desarrollaba increíbles unidades de acción narrativas hasta las últimas consecuencias; dándoles verosimilitud en el uso astuto del lenguaje popular, en lecciones de amor y en el carácter confesional de la primera persona. Pero, a diferencia del megalómano de Fernando Vallejo, de ese modo abría las puertas a la literatura de ficción. Por eso no tiene reparo en aparecer candidatizado a la presidencia de Argentina, ser raptado por quienes roban la selva amazónica y la plantan en la luna para que él engendre, con el auténtico hermafrodita, a una nueva humanidad; o de ser un escritor llamado Copi, cuyo editor le exige escribir la novela que estás leyendo y la cual, mientras deviene en asesino, deja olvidada en cada hotel donde se hospeda, producto del delirio.
A este aliento post Boom se debe César Aira. Quien haya dicho que en sus novelas se conjugan las aventuras de Kerouac y la sabiduría de Borges, no está lejos de caracterizar su narrativa. Y tampoco muy cerca pues, como los grandes artistas, Aira no es original si no auténtico. Adopta temas coloquiales, incluso esnobs, y los transforma con la simplicidad de su mirada fantástica. De ahí el que pueda elegir a un mediocre e indeciso mago que viaja a un congreso de magia, interesado en demostrar que es el mejor del mundo, pero planteando el inteligente drama personal de aquel que, siendo un mago de verdad -o sea que puede hacer lo que desea-, tiene en este don a su problema ante la realidad que lo circunda. O poner a un actor adolescente en el hombro de un maestro de artes marciales, el cual se ha hecho grande, grandísimo, y van volando sobre el barrio de Flores, como si fuera tan sencillo, mientras discuten con un irreverente estilo filosófico.
Siempre quise conocer a García Márquez, aunque se encontrara senil. O que Álvaro Mutis me invitara a uno de sus mejores whiskeys. En varias ocasiones he dicho a mis amigos que deseo un panel con Fernando Vallejo, y a fin de decirle que me importa muy poco leerle críticas que ya se han hecho, o repasar las tristes novelas de su vida (aunque me gusten).
A mis 27 años he tenido la fortuna de conocer a algunos poetas, como Bernard Nöel, Corsino Fortes, Alvarado Tenorio o Tarsicio Valencia. Sin embargo –con el perdón de Ernesto Carrión y de Jaime Espinal-, no he conocido al mejor escritor de nuestro tiempo. Y el cual, a diferencia de todos los citados, escribe dos o tres novelas por año, ensayos, artículos literarios, traduce y está vivo -muy vivo-, en algún lugar de Buenos Aires.
Ahora sólo quiero conocer a César Aira. Y hablar un rato con quien es capaz de imaginar al superhéroe Barbaverde, entre salmones gigantes y balas supermorfina, compartiendo la escena de un periodista novel y de su chica, personajes tan reales y fantásticos como tú y yo. Por eso te pido, apreciado Daniel Link, que si alguna vez sabes que viaja a Barcelona o que yo vuelvo a Buenos Aires, tengas la caridad de sugerirle que deje verse. No sea que un carcinoma cerebral se le adelante y nos toque comunicarnos, en la trastienda de una anticuaria del barrio chino de New York, a través de una regordeta médium.
A Daniel Link -Y a César Aira-
Silvio Bolaño Robledo
Imagen tomada de:
http://zonadenoticias.blogspot.com/2008_03_01_archive.html
sábado 4 de abril de 2009
Escuchar a Obama

Lejos de un anticuado populismo, Barack Obama le está proponiendo un giro ético y político a Occidente. Me refiero a cambiar esa tendencia de actuar como si fuésemos mejores que los otros. Cuesta creerlo -aunque sea necesario-, viniendo de parte del líder de una nación célebre por enseñarnos a pasar por encima de nuestros diferentes.
Pero atrevámonos a escucharlo, pues a este individualismo debemos las guerras mundiales, las religiosas, las raciales, las de las drogas, las de las canchas de fútbol e incluso las del hogar. Y por este egoísmo capitalista, el juego de Wall Street se transformó en una doctrina por la cual todos los pueblos padecemos su especulación hipotecaria.
Con la inyección de capital y su proyecto de ayuda financiera, Estados Unidos no sólo demuestra que tiene el dinero suficiente para respaldar a su sociedad en medio de la crisis. Con esto -quién lo creyera-, la superpotencia enseña que es el momento de reconocer y enmendar los errores cometidos.
Hoy el historicismo de Obama recuerda a los padres de la democracia, aquellos que nos hicieran creer en los ideales de la libertad y la justicia. Con frases como: “no somos perfectos”, “queremos aprender”, “estoy para escuchar”, invita a la apertura y al diálogo en todos los niveles de la sociedad. Y a la manera de los antiguos políticos atenienses, sus palabras pueden aplicarse en el aula de clase como en la melancólica reunión de quienes tienen en sus manos nuestro destino.
Así no sea la era de Obama, es el momento indicado para que sus palabras repercutan. No podemos olvidar que por saberse poseedora de la verdad, Europa conquistó, colonizó y arrasó durante siglos al África y a América Latina. Ya veremos si somos capaces de creer que no es el momento de ganarle a los demás, si no de escucharnos para construir, juntos, un nuevo camino.
Imagen tomada de:
http://www.rankia.com/blog/hablandodebolsa/2009/03/roosevelt-y-obama-unidos-en-los-inicios.html
martes 24 de marzo de 2009
Amor Efímero
Para el Aula Taller de escritores de Gràcia
Silvio Bolaño Robledo

Imagen tomada de: http://web.wm.edu/idoffice/id-applestore.html
viernes 6 de marzo de 2009
En Discusión

Soñaba frecuentemente con algo común, bastante común. Sobre todo entre quienes, plenos de vitalidad, aún pueden fijarse nuevos rumbos. Y aunque no fuera supersticioso ni estuviera preparado, no cesaba de discutir el significado que le daban los diccionarios de sueños de La Internet. A sus 74 años, y gozando de la excelente memoria que caracteriza a los jubilados del Banco Popular, Jordi Amenós recordaba no haber discutido algo más en su vida. Sabía que el mundo ya era bastante confuso como para que él, conocido a lo sumo como un estricto jugador de bochas, viniera a imponerle sus complejos. Pero eso de salir por la ventana y ascender bajo el cielo estrellado, a cien metros de Avenida Diagonal, doblando hasta rozar las grúas de Sagrada Familia y remontar su vuelo, casi satisfecho, hacia la cima del Tibidabo, no le encajaba con las pueriles soluciones de la psicología.
Por que Jordi Amenós sabía que ni el sueño ni su solución, compaginaban con las prodigiosas cualidades de su mente. Esas que forjara desde la infancia, a fuerza de ser él mismo, neutral ante la vanidad de sus padres y maestros, tolerando las injusticias de sus jefes, su fiel esposa y sus hijos punkeros. De ahí el que supiera que nada de novedoso había en el desarrollo de sus poderes telequinéticos. Sobre todo al despertar, entendiendo que había tenido el mismo sueño. Y como en ocasiones anteriores, poner su mirada (ausente, cargada de infinito, propiciada por la tranquilidad de olvidarse de sí mismo, de su febril vuelo y de los significados hallados en Google y Yahoo), sobre la jarra de plata, el reloj despertador, su juego de bochas y su esposa, haciéndolos volar por la pieza. Y comprobando así, una vez más, que podía pensar de una manera diferente.
Silvio Bolaño Robledo
Para el Aula Taller de escritores de Gràcia
Imagen de: http://www.bochascba.com/web-eljuego-info-historia.asp
sábado 28 de febrero de 2009
La prohibición del derecho constitucional y los gángsters colombianos
La ley de la selva
“La naturaleza está llena de dioses”
Heráclito, el Oscuro de Éfeso
Al final de su desventurada “Historia General de las Drogas”, el filósofo español Don Antonio Escohotado se atreve a repasar los dramas sanitarios, sociales y morales consecuentes a la prohibición de la producción, distribución y consumo de algunas drogas en Occidente. Y aclaro que tal desventura se debe en tanto a la persecución que a este y a su obra, en pleno medioevo informático, le ha caído encima; condenándola a su pobre divulgación, lectura y debate, sobre todo en países productores como Colombia y la región andina.
En esta valiente obra, Escohotado da cuenta de cómo a comienzos del Siglo XX, y haciendo alarde de su poder moral y gracia policiaca, los puritanos estadounidenses dieron inicio a otra de sus sangrientas guerras. Pero esta vez en contra de ciertas plantas y compuestos químicos que, previos a la prohibición, pocos casos de adicción le reportaban al país del Norte. Y ningún muerto, latifundio, cartel de narcotráfico, banda de sicarios, mina antipersonal, secuestro de inocentes, extorsión, desaparición, terrorismo guerrillero ni barbarie política, en la democrática República de Colombia.
En su conciencia maniquea (esto es la de quien se cree con el poder divino de establecer juicios de valor entre la opción binaria de lo malo y lo bueno, lo blanco y lo negro, lo derecho y lo izquierdo…), se atrevieron a promover incluso la censura del alcohol, perdiendo en su patética batalla ante las más brillantes conciencias de los Estados Unidos.
Previo a la censura, por ejemplo, la cocaína podía conseguirse libremente en las boticas, sirviendo así, como asegura Charly García, para su único fin: drogarse. Y estando al servicio de quienes, como Sigmund Freud, programaban con ella sus experimentales terapias personales. El uso de la heroína, en cambio, era conocido casi exclusivamente como un método para combatir el abuso del opio.
Bastaría con aquella sentencia puritana para que la antigua y noble institución de la mafia italiana deviniera en un monstruo que, encarnado por la novedosa figura del maquiavélico gángster, arrojara a centenares de incautos por las calles de Europa y EEUU, con ojos de pájaros adoloridos, buscando jeringas y euros para llenar sus venas con la esencia extraída de la bellísima flor de amapola. Y a la República de Colombia hacia una guerra civil que le ha costado la muerte de miles de inocentes, la involución de la alta cultura ciudadana que en los años 60 y 70 prodigaban ciudades como Cali y Medellín, el magnicidio de sus líderes más prometedores (Luis Carlos Galán Sarmiento, Rodrigo Lara Bonilla, Bernardo Jaramillo Ossa…), la corrupción del Estado, la destrucción de las selvas, el desplazamiento de campesinos, la escasez de cultivos de alimentos, la perversión de las arcaicas guerrillas pseudo marxistas y, en nuestros días, la retórica populista de sus gobernantes neoliberales.
El miedo y la mojigatería han rodeado al tema de las drogas de un ignominioso silencio. Y nuestra despreocupación intelectual le ha concedido, a tan peligrosos adalides de la moral y la salud pública (políticos de pacotilla), la posibilidad de dar por hecho, a través de la imposición de verdades proselitistas, o sea de carácter retórico, la ignorancia colectiva de masas que, sufragando con obediencia, les ceden su derecho a la reflexión y el conocimiento.
De esta manera han engendrado una caterva de energúmenos morales que no sólo desconoce la importancia de reivindicar sus derechos constitucionales, a fin de que jamás sean vulneradas sus libertades como individuos: tampoco muestran interés en razones medicinales, toxicológicas ni terapéuticas. Mucho menos en los serios estudios antropológicos, sociales e históricos que, al contradecir a sus mesiánicos líderes, juzgan que fueron escritos por enemigos de la paz, terroristas o universitarios violentamente llamados como mamertos.
En este panorama de estancamiento mental no solo ignoran, si no que subvaloran, las referencias que el propio texto bíblico, paradigma de verdad y fe, trae del uso del cáñamo, el alcohol y otras sustancias indeterminables, entre la jerarquía de los patriarcas, profetas, inspirados y Mesías. Los cuales, de manera análoga a los chamanes de nuestras tierras bajas, se colocaban en un diferente estado de percepción sensible a fin de establecer un diálogo con la divinidad, descifrando los misterios de vida y muerte que posteriormente comunicaban a los no elegidos.
En este maravilloso país, donde Cristóbal Colón ubicara geográficamente el Paraíso (en el cerro bautizado “La teta de María Guevara”, de la Sierra Nevada de Santa Marta), son pasadas propagandas radiales en las que, adoctrinando en la sabiduría del nepotismo, puede escucharse la voz de una niña de diez años diciendo “no cultives la mata que mata”, donde se pone en un mismo nivel a la marihuana con la cocaína y la heroína. Como si la naturaleza en sí tuviera la capacidad de reflexión y el poder bélico de llevar a cabo una masacre, desaparecer jóvenes o sembrar minas antipersonales en los campos andinos.
Un bareto (cigarrillo de marihuana colombiano), destruye menos neuronas que una media de aguardiente (licor nacional), generando menos violencia intrafamiliar, descoordinación motriz, pérdida del conocimiento, adicción, resaca y deserción laboral. Tiene menos propiedades cancerígenas que el tabaco (menos aún que el cigarrillo con filtro, máquina de nicotina y alquitrán), teniendo como malísimas consecuencias el hambre, el sueño, la risa nonsense y la irritabilidad ocular.
La ignorancia y el abuso de la retórica populista de nuestros gobernantes, ha dado pie a que el propio Señor Presidente de la República (el mejor Presidente que jamás haya tenido, sin punto de discusión y a fin de no ser llamado terrorista, “La Patria” que él mismo dice gobernar; siendo el más sagaz de los políticos y el mejor retórico que haya dado a luz nuestra raza antioqueña, mejor santandereano que Bolívar y bolivariano que Santander), proclame en días pasados que: “Lastimosamente, no podemos prohibir el consumo”.
En ese “lastimosamente” está cifrada la libertad y los derechos constitucionales de los ciudadanos colombianos. Lastimosamente la policía no puede meterse a tu casa a consultar, decentemente, qué es aquello que estás quemando en tu pequeña pipa. Ni rociar con glifosato, las plantas de siete hojas que tienes en la terraza de tu piso.
Lastimosamente no pueden llevarte a la cárcel (o pedirte dinero) por tener una dosis personal en el bolsillo, aunque sea esa la historia de terror de muchos de mis estudiantes y amigos. Ni agarrarte a palos con el bastón de mando, hacerte comer lo que llevas en el pantalón, insultarte públicamente, desaparecerte y enterrarte en una fosa común, diciendo eufemísticamente que se trataba de un “falso positivo”.
Lastimosamente el Ministro del interior, antiguo embajador en Italia y hermano de a quien se le imputan graves casos de corrupción, no puede prohibirnos los derechos que nos ha otorgado la Corte constitucional de La República democrática de Colombia. Aunque así diga que desea obrar, como si fuese legislador y no ejecutivo, para subir su baja popularidad entre los conservadores criollos.
Lastimosamente se trata de una República democrática, según la Constitución, y no de una sangrienta Patria del Siglo XIX. Lastimosamente aún quedan mentes pensantes y libres. Lastimosamente nos toca emigrar para poder hablar con fuerza sobre estos temas, aunque aún así jamás nos sintamos tranquilos.
A la memoria de mis antepasados
Todos conservadores y cristianos viejos
En cuya goda cuna pudo cultivarse
Mi libertad y amor por el conocimiento,
Y a la libertad de mis descendientes
Silvio José Bolaño Robledo










